Picniko
Dos juegos en uno para que aprendas inglés a tu propio ritmo.
Vigila con cuidado las 4 letras de las esquinas y trata de enlazar una carta con otra utilizando las letras repetidas (la “D” de “Dog” con la “D” de “Bird”, o la “P” de “Perro” con la “P” de “Pájaro”).
Puedes jugar a la versión lenta, a velocidad de tortuga, o a la versión rápida, a velocidad de tiburón…
*Incluye 50 cartas de vocabulario de animales (con guía de pronunciación) y sandwichera de plástico.
Matematikus
Hasta las matemáticas son divertidas cuando te lo pasas tan bien.
Las matemáticas pueden ser muy divertidas y aquí está la prueba. ¿Cuántas combinaciones matemáticas puedes formar con tus 8 cartas? ¿Y cuál es la mejor teniendo en cuenta que las sumas y restas valen 10 Picnics (puntos) y las multiplicaciones y divisiones valen 20 Picnics? Ten en cuenta también que las cartas tienen una cifra en una cara y un signo matemático en la otra, y que sólo puedes usar una de ellas. Verás que es todo un reto.
*Incluye 52 cartas, sandwichera de plástico y pack de billetes Picnics.
GeoPicnic
Saber las capitales y provincias es pan comido si lo que importa es ganar la partida.
¿Sabes cuál es la provincia? ¿Y su capital? ¿Y la comunidad autónoma a la que pertenece?
Diviértete aprendiendo y practicando un poco de geografía de España. Y gana 10 Picnics (puntos) por cada respuesta acertada.
*Incluye 52 cartas, sandwichera de plástico y pack de billetes Picnics.
IconGame
El juego de memoria en el que aprenderás inglés sin darte cuenta.
¿Sabes cómo se dice “lápiz” en inglés? ¿Y “goma”? ¿Y “sacapuntas”? Aprende todas estas palabras y muchas más con IconGame.
Es muy fácil: Eliges una tarjeta, y si sabes cómo se dice correctamente en inglés ganas los Picnics (puntos) correspondientes, según su grado de dificultad. Al final de la partida, gana el jugador que más Picnics acumula.
*Incluye 50 cartas de vocabulario (con guía de pronunciación) y sandwichera de plástico.
BrainPicnic empieza a andar.
Estrenamos web: brainpicnic.com; y nuestros 10 primeros puntos de venta.
A jugar!!!
Traducir un texto de un idioma a otro siempre supone un riesgo y una más que probable pérdida de matices en el intento. Y hacerlo con un concepto como “Gamification” se convierte en todo un reto. La equivalencia más literal que se me ocurre sería “Juegueando”, del supuesto verbo “Jueguear” que significaría “convertir en juego algo que no lo es”. Pero suena tan “incorrecto” que chirría demasiado como para introducirlo en nuestro vocabulario habitual.
El concepto aún es reciente y las páginas dedicadas al tema escritas en español suelen recurrir a la denominación en inglés, o al anglicismo facilón “Gamificación”, en el que se pierde por completo la función de autodefinición que tenía la palabra en su idioma original. Aún así, se aprecian esfuerzos por encontrar el término adecuado, aunque sea sacrificando su literalidad en favor de la esencia: el sentido lúdico. Algunas traducciones, como “Ludotización”, suenan forzadas, pero hay otras más afortunadas, y sobre todo una parece estar calando: “Ludificación”.
Se puede argumentar que “Ludificación” no es exactamente lo mismo que “Gamification”, y es verdad; uno hace referencia a convertir algo en un juego, y el otro a “simplemente” hacerlo lúdico. Pero a falta de una traducción mejor, nos damos por satisfechos, y tratamos de centrarnos en el espíritu de la nueva filosofía, que en mi modesta opinión se resume en “sembrar motivación allá donde no crece de forma natural”.
La clave sería esa, la motivación, y en eso tenemos mucho que aprender de los videojuegos. No es fácil mantener a una persona (niño o adulto) sentada y apretando botones durante horas y horas. Para lograrlo hay que darle buenas razones, y hacerlo de forma constante; ya sea consciente o inconscientemente.
Hasta hace poco, nadie parecía haber valorado en su justa medida los logros y descubrimientos conseguidos por los videojuegos, lo que éstos significan, y lo que podrían llegar a suponer. Ni siquiera los propios diseñadores han sido muy conscientes de lo que estaban haciendo. En los últimos 30 años, los videojuegos parecen haber evolucionado de una forma “natural”; sin un plan superior, sin objetivos y sin un camino predeterminado. Los videojuegos han evolucionado de forma instintiva, buscando su propia supervivencia, que no depende de ser el mejor juego o el más fuerte, sino el mejor adaptado al medio, que en este caso es la mente humana. Ahora toca analizar cuáles son las teclas emocionales que se han estado tocando y ver cómo podemos reconducir todo lo aprendido para poderlo aplicar a otros campos. Y a ser posible con buenas intenciones...